Tienes cancer!​

Mama se va a la guerra - Tienes cáncer!

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Esa enfermedad la tiene un vecino, el amigo de un amigo, la prima de la tienda de al lado de la chica que también tiene cáncer, ¿ pero yo ?

No imaginamos jamás que la palabra cáncer pueda entrar en tú vida, o en la de alguno de los nuestros. Está en esas vidas ajenas a nosotros, en esas caras que no ponemos nombre sino color a sus pañuelos, pero nunca pensamos que pueda venir a esa fiesta llamada vida, tú vida, a la que nadie le ha invitado. Abre la puerta sin picar, se sienta, se sirve una copa, y se pone cómodo, sabe que va a quedarse por un tiempo. A este invitado solo se le echa a base de darle duro, a base de lagrimas derramadas, de listas de espera, de reuniones de bata blanca, y dejarse los trozos en alguna sala. Pero sobre todo, se le echa a base de ganas, a base de creer que cuando termine su ultimo trago, tú vas a tener más fuerzas que él, y no, no vas a echarlo de modo cordial, vas hacerlo de la manera que siempre te dijeron que no hicieras, vas a echarlo a patadas !

Sí, es así. Yo, no conozco mejor forma.

 

29 de Octubre de 2015.

 

Paciente de 27 años diagnosticada de Neoplasia de mama izquierda localmente avanzada, con presencia de microcalcificaciones, afectación axilar masiva, metástasis  supraclavicular confirmada y HER2 +++. Así entró el cáncer a mi fiesta, que por un tiempo se la hizo suya. Así me dejaba la mañana de aquel 29, con un hematoma en el alma más lila que el de cualquier pinchazo de biopsia, un surtido de sentimientos más grande que el de una caja de galletas Cuetara, y a cual más difícil de explicar. Salía por unos instantes esa Cristina muerta de miedo, esa que solo quería salir corriendo y dejar allí sus despojos, esa Cristina que cerraba los ojos con la esperanza de que al abrirlos nada de eso fuera real. Y al pestañear, mi realidad superaba la ficción. Mi mundo se desmoronaba, a mi alrededor le cambiaba la cara, y eso solo había hecho más que empezar. Empezar... que gran palabra, me encantan los comienzos, pero no estos, no estaba en mis planes una batalla de titanes. Recuerdo preguntarle al doctor después de verle la cara, que con toda sinceridad me dijera que posibilidades tenia, y sí, a posibilidades me refería a ponerle fecha a mi vida, a mis días. Yo apenas empezaba a vivir, me quedaba mundo por ver, errores que cometer, sonrisas que regalar, y la más importante de todas, quería ver a mis hijas crecer. Fue tan sincero, que desde entonces nunca más volví a pedirle sinceridad a nadie con bata blanca.

 

-Cristina, conozco a ocho pacientes con tú mismo caso, siete están muertas y la otra ya no se de ella...

 

Hoy, después de casi dos años de ese día, de esa respuesta, después de 28 sesiones de quimioterapia y otras 28 de radioterapia, después de dejarme la piel en ese quirofano frío de temperatura, pero con un calor humano que jamás se me olvida, hoy, sí soy capaz de describir esos sentimientos. No es que antes no pudiera, es que ni yo misma los entendía. Recuerdo sentir ira, esa que te hace apretar los puños con tanta fuerza que crees poder derrumbarlo todo, ¿que fácil sería no? pero si algo sabía ya del cáncer, es que esa experiencia iba a ser de todo menos fácil. Me acompañó después un sentimiento de culpa, los míos iban a pasarlo mal, muy mal, y yo no iba a poder hacer nada por evitarlo, se por propia experiencia lo cruel que es ver a una hija sufrir los efectos de un cáncer. Y frustración, ese fue el que pero lleve sin lugar a duda, dejaba de tener el control sobre mis días, sobre mi cuerpo, el malestar y el dolor iban a estar pautados en un calendario, en unos ciclos de quimioterapia y eso me superaba. Hasta que con el tiempo comprendí que tenía que aprender de ellos, que tenía que ser capaz de saber gestionarlos, si no la suma de todos iban a ser peor que la enfermedad. ¡Y lección aprendida! A través de los sentimientos las personas guiamos nuestra conducta en una dirección u otra. Marcan las directrices, el camino a seguir. Facilitan una valoración de la realidad sobre la que actuamos. Tenemos tendencia en querer rechazar los sentimientos "malos", pero es necesario convivir con ellos, analizarlos y extraer un aprendizaje y esto nos sirve para evolucionar como personas. Y hoy, la Cristina a la que no le quedó otra más que pasar pos esa montaña rusa de sentimientos y resolverlos sola,  es totalmente otra, me permito decir incluso, que es la versión mejorada, es el resultado de una vida marcada, a la que solo yo podía elegir si aprender de ella o simplemente dejar que pasara.