Por los pelos.​

Mama se va a la guerra - Por los pelos

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Trata de perder solo el pelo, que no se caiga también la persona que eres por el camino. Y es que como ya sabéis, con los tratamientos de quimioterapia este se cae. Esto es debido a que la medicación no entiende de células malas y buenas, las ataca a todas por igual. En mi caso perdí todo el pelo, había preguntado a la doctora si iba a quedarme calva, (ya sabía la respuesta, para que engañarnos) pero tenía esa pequeña esperanza de que no. Dicen que es lo último que se pierde, la esperanza no el pelo, total, me di la hostia por partida doble, la de realidad y la de doble realidad. Empezó con la primera sesión, pasados unos 20 días mientras jugaba con mis hijas, la pequeña me tiró de pelo (siempre fui de melena larga) y en su mano se quedó un manojo de ellos, ahí decidí que era el momento de poner fin a algo que tarde o temprano iba a pasar. Me corté el pelo, muy corto, pensé que así el efecto de verme completamente sin él no sería tan impactante, un pequeño proceso de adaptación. Me fue bien la verdad, un poco la sensación de me lo corto porque quiero, no porque me obligas. Engañar la mente supongo. Pasada la semana de la segunda sesión ya estaba sin un solo mechón. ¡Buah!  Que impresión, no voy a decir lo típico de que solo era pelo y que ya saldría, que era lo de menos y todas esas cosas que se dicen y nos decimos a nosotras mismas para autoconvencernos. Es una putada de las gordas, y con todo el derecho puedes despotricar, pero luego de eso, sí, es pelo cuando te des cuenta crecerá, no pierdas mucha energía en ello, las necesitarás. (Aprendido después de pasarlo). Cambié los secadores, las planchas y los difusores, por pañuelos de colores, eso del rímel también quedó por un tiempo, atrás. ¡Y de mis cejas ni hablar! Físicamente era otra, cuesta ver que el espejo no muestra tú persona y que el amarillo en tú piel ahora es tú tono de moda. Pero un día amanece más claro, te ves reflejada en un cristal y te dices a ti misma: Cristina, te vas a plantar los labios bien rojos, la sonrisa bien grande y la cabeza bien alta, que no se ha inventado quimioterapia para que eso a ti se te caiga, que no es el pelo, ni las cejas, ni las pestañas lo que te hacen guapa, es la fuerza con la que andas, las ganas con las que te levantas todas las mañanas y haces frente a una lucha diaria entre tú "yo" más desconocido, es creerte que puedes y que esto no va a poder contigo.

 

¡Desde entonces solo conozco una forma de ponerme “guapa” cada día, me arreglo el alma y me peino de actitud! 

"Por un tiempo perdí el pelo, pero gané para siempre una dosis de autoestima."