Mi Yo, despues de Ti.

Mama se va a la Guerra - Mi Yo, después de Ti.

Sigueme en 

20 de Abril del 2016, (08:00 de la mañana).

 

Después de una cena entre amigas despidiendo a mi teta, (si, me gusta teta, le quita hierro al asunto) llegaba el día de ponerse el vestido verde de gala. Seis de la mañana, maleta en mano, 90km en coche que daban para pensar tanto que incluso pensé hasta en dar la vuelta. Recuerdo el ruido que hacían las ruedas de la camilla mientras nos dirigíamos al final de ese pasillo, a esas puertas metálicas donde podías leer un: "prohibido el paso". Allí justo debajo de ese cartel, entre miradas que decían: "todo saldrá bien" mi sonrisa nerviosa se iba a desmoronar en cualquier momento, y así fue. Arranqué a llorar, cerré los ojos con la esperanza de que al abrirlos nada de esto estuviera pasando... Y hoy de todo eso, hace ya más de un año... Os mentiría si no os dijera que aún cierro los ojos cuando algo duele mucho.

Esta es mi yo, antes de entrar en quirófano. La versión que más conocen de mi, la parte fácil de contar, esa que creen que dejas atrás en esa sala fría cuando te ven respirar. Lo que no saben, es que después de todo ese proceso falta lo más difícil por batallar, es volverse a mirar al espejo y encontrarte a ti misma de nuevo entre tanto "corta y pega". Que parte de ti se quedó allí, y sí estoy viva, pero muy caro el precio a pagar. Hoy entre dudas, nervios y un yo más desnudo que cuando mi madre me trajo al mundo, hablo de ese después que tanto duele, que tanto cuesta asimilar, y que va a marcarme de por vida, (y nunca tan bien dicho). Que si no es duro ya el proceso de quimioterapia, radioterapia y todo lo que eso conlleva, cuando ya estás a punto de coronar la cumbre:

 

"Bienvenida a quirófano".

 

- Abro los ojos, y me siento aturdida, perdida, no sé muy bien que hago aquí, mis ojos buscan la mirada de una cara conocida, una mano que coja la mía y despierte alguno de mis sentidos tan dormidos. Que alguien me diga si este pánico que siento también va irse con morfina. 5h de mi vida le hicieron falta para tatuar su firma, cicatrices que visten mis mayores logros y se desnudan de miedos. Que te dirán aquello de: "esto es lo de menos"  pero eres tú la que va con unos cuantos puntos de más. Y más tiempo de lo que imaginé, es lo que tardé en poder mirar, mirarme. Para ser exactos, un mes y una semana, es lo que le llevó a mi mente a ver una realidad que me aplasta el alma o mejor dicho el pulmón izquierdo. Una realidad que a día de hoy todavía sangra, que huele a desinfectante de quirófano, que si junto todos los puntos de mi cuerpo, tengo las coordenadas, esas que me llevan a una cruda realidad, pequeñas suturas que me recuerdan el precio a pagar. Y respiro, me lleno de "tu puedes", de "te quiero", que son solo míos, me necesito, necesito sacar eso de lo que alguna vez te habían hablado y que ya tienes tanto por la mano, se llama, a ver espera... ¡ah! si.

 

¡VALOR!  

 

Valor suficiente para que un pecho no tenga la capacidad de destruir 28 años de autoestima. Valor para que al mirarte vaya doliendo cada día un poco menos. Para que no te sangre la pena de unas cicatrices y esas te manchen por siempre tu yo más preciado. Valor para alcanzar el día en el que te mires y puedas volver amar lo que eras, lo que eres, y lo que ya jamás volverás a ser. Lección de vida aprendida, te quieres de cicatriz para dentro, te das valor, pero valor del bueno, no el que se mide por tallas de pantalón, copas de sostén o centímetros de cadera. Te quieres, por tener que quererte una y mil veces más, habiendo un poquito menos de ti.

 

 

 

                                      "Cicatrices de un ayer, que son vida hoy, y esperanza para un mañana"

 

                                                                             #mamasevaalaguerra