Lo que nunca esperas encontrar.​

Mama se va a la Guerra - Lo que nunca esperas encontrar

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Si una cosa me caracterizaba en mi personalidad era la poca paciencia que tenía, quería algo y corría a por ello, un proyecto, un fin de semana con amigas, hasta lo más simple, no me entraba eso de tener que esperar. Con los años aprendes, (para eso están los años) que la cosas no funcionan así, hay situaciones en la vida que requieren su tiempo. Y suerte que lo aprendí, porque si no hubiera muerto en el intento el primer día.

 

Os hablo de un lugar donde nosotros los enfermos de cáncer nos pasamos medía vida allí, las tan odiosas, salas de espera.

Esas salas en las que mientras esperas, desesperas al mismo tiempo. Por suerte en ellas hay una cantidad de cosas increíbles, se llaman personas.

 

Personas con las que cruzas miradas de esas que lo dicen todo, como puedes llegar a ver a través de sus ojos el sufrimiento y el miedo, como se les apaga el brillo y se intuye que solo quieren arrancarse a llorar. Personas a las que sin conocer de nada os une un vinculo, que se crea solo en tan solo unos segundos, un se como te sientes, porque yo me siento igual. Que mágico es eso de llegar a entendernos sin ni siquiera hablar. Personas a las que antes de cruzar la puerta les dices "que todo estará bien", allí no nos vale eso de "buena suerte", en estas salas la suerte nunca entró, se olvidó de las miles y miles de personas que pasan cada día por ellas, si no, decirme que hacemos aquí. Personas que un día antes de que el monstruo de las seis letras  entrara en sus vidas, a esas horas ellos (yo) estaban trabajando, con sus hijos, sus nietos, paseando, comprando, o tomando un simple café con las amigas. Allí en esas salas, a todos se nos para el tiempo, hay vida fuera, pero es muy distinta a la que nosotros vivimos aquí dentro. Pero creerme que cuando todo esto pase, lo que os acabo de nombrar, nosotros lo sabremos valorar el doble, es triste pero es así, el ser humano necesita de una hostia de realidad, y en estas salas las hostias van a pares. 

Aquí las personas tenemos la maldita sensación de estar jugando a la ruleta rusa, antes de entrar a la consulta es un poco lo de:

 

¿hoy seguimos viviendo, o esto nos obligará a parar?. 

 

Lo mejor sin lugar a duda, lo más gratificante en esas salas, es compartir una buena noticia sin llegar si quiera a contarla, es ese momento en el que ves salir a alguien de consulta con la sonrisa de oreja a oreja y todos sonreímos al mismo tiempo con ella. Es allí cundo recuerdas esa frase de:

 

"las alegrías compartidas son doble alegría, y las penas compartidas restan".

 

Recuerdo una anécdota (mejor dicho nunca la olvido), salía de una biopsia de urgencia, mi cara de póker comentaba la jugada sin abrir la boca, la gente de la sala me miraba, se les llenaban los ojos de lastima, podía sentir como sufrían en carne propia mi mala noticia como si de la suya propia se tratara. Se levantaron dos mujeres, vinieron hacia mi y me abrazaron, no hizo falta más. Ese abrazo es lo más humano que había sentido en muchísimo tiempo, como el calor de dos personas totalmente desconocidas podían ahuyentar mis miedos en esos momentos. Os juro que no he conocido rincón en el mundo donde se respire tantas gana de luchar como en esas salas, donde con una sonrisa nos entendemos todos, vengan del lugar que vengan, de esas ansias de vida, de felicidad, de mendigar una oportunidad para poder disfrutar de las pequeñas cosas. 

 

Salas de espera que se convierten en tu segunda casa por un tiempo y personas en una gran familia por siempre. 

 

 

Y tú, no esperes a entrar en esas salas, para darte cuenta de lo que vale la pena estar fuera de ellas...

 

#mamasevaalaguerra.