Anunciando al Monstruo.​

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Después de un: tienes cáncer, viene la otra parte, la de explicarle a los tuyos que lo tienes.

En mi época adolescente, imaginé muchas veces con una sonrisa dibujada en mi cara, el momento en el que iba a explicarles a mis amigas que había aprobado el carnet de coche, que iba a casarme, o a mis padres que iban a ser abuelos. Pero jamás pensé que llegaría un día, ese instante, en el que tengo que enfrentarme al mayor de mis miedos y luego exponerlo. Respiré, coji aire, como si fuera la última vez que lo hiciera, y allí de pie, modo conferencia, anunciaba que estaba enferma de cáncer. Acto seguido sin darles tiempo para que sus cabezas se lo pensaran mucho, salió un:

 

- "estoy bien, no pasa nada".

 

Aquella tarde, al cerrar la puerta de la consulta, si una cosa tenía clara, era como iba a ser el siguiente paso. Cristina, anunciarás tormenta, pero tú misma les darás el paraguas. Me retorcía de rabia e impotencia, yo iba a ser la causa del dolor, involuntario sí, pero la causa al fin. Quise encargarme de aliviar ese dolor provocado en cada una de las personas que me rodeaban, sonaba agotador, paro para mí era gratificante. No olvidaré sus reacciones, les recorría ese frío que se nota en cada una de las vertebras de la espalda, ese que cala hasta el alma y paraliza el cuerpo, ese llamado miedo. Parecían estar mirando la muerte a la cara. Y yo tenía ganas de todo menos de morir, me sentía más viva que nunca, y así se lo quería trasmitir. Fueron largos meses de vómitos y llantos a la misma vez, de buscarme las venas, a la par que me buscaba a mi. De noches de hambruna en el corazón, de hacerse fuerte a base de insomnio y reflexión. Y así me fui esculpiendo con el tiempo, con el dolor a cuestas y en soledad, y es únicamente porque así lo elegí. Soy consciente que el dolor compartido es menos dolor, pero yo era incapaz de demostrarles el mío y dejar que ellos se lo llevaran a casa. Hay quien puede llamarlo egoísmo, incluso que es injusto tanto para ellos como para mi. Pero ahora, soy la que soy, también por esa decisión.

A lo largo de estas enfermedad, quise aprender de esta experiencia, quise "rescatarme" sola, sentí la necesidad de conocer mis limites, de agarrar con fuerza y soltar cuando toca. De que si tú eres capaz de ayudarte a ti misma, de solucionarte y gestionar cuanto te pasa, serás capaz a la larga de ser ayudada, hasta entonces faena en balde. Aprendí también, que el enfermo de cáncer le toca agarrar el papel del "ayudante", me explico. Nuestro entorno necesita saber que todo marcha bien, para poder seguir, que la cosa es sumamente jodida pero que allá vamos. Afirmo incluso, que a ratos lo han pasado peor ellos que yo. 

 

Con vuestro permiso, quisiera aprovechar y agredecerles a todas ellas, esa paciencia que tuvieron conmigo, esa cara, mi cara, de no poder con mi vida a días y no dejarme ver. Ese ultimo empujón cuando la versión cobarde de Cristina quiso rendirse ante los efectos de la quimioterapia. Gracias a las manos que me ayudaron a restar tiempo frente al espejo con esos pañuelos, a las charlas con solo miradas, y a las sonrisas que rescataron mi alma. Soy consciente que cómo enferma, quizás no lo hice del todo bien, pero sólo quise hacerlo fácil.

Gracias equipo, ¡Lo hiscisteis genial! 

 

 -"Cristina es como una hermana para mí, me acompaña desde que teníamos 6 años, con todo lo que eso conlleva en la vida. Y un día anunciaba que tenía cáncer, no sabía que decir, me quedé rota por dentro pero. Lo único que sentí, es que me tocaba ser fuerte y tenía que luchar con la mejor de las sonrisas. Ella es fuerte y yo solo podía ser fuerte con ella."

                                                                                                                                                                                                "E" - toda una vida de la mano. 

 

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