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Cristina

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Me presento de golpe y sin avisar,

como se presentan los instantes que te cambian la vida, esos que ya jamás olvidarás, los que se nos quedan grabados en las retinas, y sabes que después de ellos ya nunca más volverás a ser la misma.

Soy las risas que me han robado y las que provoqué, las lagrimas que derramé y el motivo de su causa. Soy el rostro de amaneceres grises y de sus noches más claras, soy la suma de decisiones, consecuencias y ganas. Soy los pasos que he dado, y de saber que lo mejor siempre está por andar. ¿hacemos camino? Y ya que vamos hacerlo juntos, dejarme que os diga como camina Cristina por este sin sentido llamado vida. Piso con fuerza, incluso cuando estas me fallan, cuando eso ocurre lo hago aún con más ganas. GANAS ¿ que gran palabra verdad ? (un día os hablaré de ellas, de las mías).

 

Miro a los problemas de cara, no me gusta darles la espalda. Soy más de buscar soluciones a preguntarme ¿ por qué ?. Soy de cargar el pasado, pero solo aquel que me ayuda a crecer. Soy de soltar, de dejar marchar, pero también de agarrar y luchar con fuerza hasta llegar alcanzar.

 

Quiero que sepáis, que antes era lo que la vida me dejaba ser, y ahora soy lo que quiero de la vida.​

Me llamo Cristina, tengo 29 años y soy la suma de todos esos instantes de mi vida, y digo suma y no resultado, porque me queda mucho por sumar.​

#13

Tengo derecho a quejarme.

Es cierto que andar quejándonos todo el día no nos lleva a nada bueno, nunca ha sido de quejarme mucho, que con eso no quiero decir que sea conformista (no lo soy) más bien todo lo contrario, si algo no me gusta Lucho por cambiarlo , considero que soy del bando de los que asume lo que les pasa, sea o no fruto de decisiones suyas. Acepto que la vida es bastante "puta" a veces, lloro, me lleno de impotencia a ratos, pero sigo, siempre sigo, no conozco otra forma de vivir que no sea seguir avanzando. La toma de decisiones no siempre nos lleva a acertar, a ese lugar donde queríamos estar, pero no pasa nada, errar forma parte de aprender (creo que es como más se aprende) en los errores. Puedo machacar a mí misma por una mala decisión, pero por mucho que lo haga no conseguiré nada, así que supongo que te has equivocado, mejorado y sigue. ¡Hasta aquí bien!Ahora voy a la parte difícil, la parte en que la vida se trunca y decido hacer pasar mal tiempo, a veces un breve período de tiempo, a veces no tan breve, y a veces te marca para siempre.  Esta decidió golpearme con el cáncer, a estas alturas esto ya lo sabes (sonrío). Puse en marcha el plan, lloro, rabio, maldigo la vida, me seca las lágrimas y seguimos con lo que nos echen (que no es poco), después de todo ese proceso largo, aburrido, estresante, jodidamente jodido (perdón por la expresión , el cáncer saca mi "yo" más mal hablado) que supone pasar esta enfermedad, hacer un balance de las veces que él quería quejarme por sentirme mal, por no gustarme lo que veía, por tener que aceptar algo que había tocado sin elegir , al azar, por capricho de la vida y me ha respondido con un:  - Jolines no te quejes, hay mujeres peor que tú.- Después de la quimioterapia de la radioterapia ya no te quejes.- Ahora ya con todo lo que ha pasado esto no es nada. Podría seguir con una infinidad más, dijo en hospitales, calles, etc. sé que muchos de los que ahora están leyendo esto vienen a la cabeza alguna otra frase, es un tema que cuando nos juntamos los de este club comentamos. Enserio, sé que hay gente peor que yo, por desgracia hay personas que ya ni están, que ya ni siquiera pueden quejarse por todo ello, (sufro cada día su ausencia) pero también sé que por suerte hay mejor que nunca andar preocupándose por si se ponía pañuelo, peluca o nada. Que no tuvo que luchar con efectos de una quimioterapia, mirarse a un espejo y llorar a lagrima tendida por lo que veía. Que no nos digan, que por un pinchazo más ya no nos viene, que después de la quimio las pastillas son "pan comido" eso dígaselo a todas mis compañeras que las están tomando y lo están sufriendo en sus carnes. Que un pinchacito en la pierna es nada, y si miramos el grosor de la aguja haber quien no saldría corriendo cada vez. En fin, que no soy de quejarme, pero que tenemos todo el derecho hacerlo, porque cuando ya todo "lo gordo" ha pasado, cuando ya podemos bajar la guardia es cuando todos esos sentimientos afloran, y es cuando más ganas vienen de quejarse por todo lo pasado. Que alguien me diga si no es así, que una vez el cáncer entra en tu vida este deja secuelas sean de la forma que sean. Porque a veces se necesita algo más que resignarse sola frente a un espejo... #mamasevaalaguerra​

Vamos a querernos de nuevo.​

Ese instante, en el que toca quitarse el vendaje y ver tu realidad, tu nuevo yo, ese cuerpo marcado por el dichoso monstruo, ese precio a pagar por estar viva. Que al mirarte cada día al espejo va a recordarte que fuiste la persona más fuerte que jamás pudiste imaginar. Pero ahora toca quererse de nuevo, obligarte Cristina a que te guste lo que ves, a concienciar a tu cabeza que apartir de ahora "somos así" somos un cuerpo casi con más cicatrices que pecas. A lo largo de nuestras vidas, todos pasamos por algún que otro complejo, que si me falta de aquí, me sobra de allí, que si esto estaría mejor así, (me incluyo). Y llega un día como este que os describo, en el que al mirarte se te quitan todas esas tonterías de golpe (muy respetables todas, pero tonterías hoy para mí). Atrás quedó el me sobra, me falta etc... Cuando tienes que volver a quererte, cuando tienes que sacar tus agallas de mujer, plantarle cara a un espejo que muestra algo que no te gusta, algo que tú no has escogido, algo que el capricho de la vida y del cáncer te ha impuesto a la fuerza, entonces sí, me quejo, pataleo, lloro de rabia, de impotencia, me hago pequeña ante mi reflejo, ante este cuerpo que una vez fue y ya jamás volverá a ser igual. Y sí, hoy tengo derecho a quejarme de verdad, no hace unos años cuando decía que mis caderas eran grandes o mis piernas muy delgadas. - Cristina, estabas cargada de chorradas. Pero hoy también sé, que con el tiempo volveré a quererme de nuevo, volveré a abrazarme, a mí, a mis cicatrices, esas que son vida por muy duro que sea mirarlas. Porque lo conseguí una vez y lo haré de nuevo. Porque aprendí,que lo importante no es la piel,sino lo que viste debajo,que no es el pelo,sino la cabeza que lo lleva,que no son los ojos,sino el brillo que desprenden,que no son los labios,sino las palabras que salen de ellos.Que no somos solo cuerposomos alma.Y a estano la hace "fea" unas cicatrices,esta quizásse hace más bella,cada vez que tieneque quererse con una más de ellas...  Y recuerda, que la verdadera belleza de las personas la que hace que tiembles al mirarla, está sin duda alguna en su interior, debajo de cada una de sus cicatrices, las que se ven, y las que no. #mamasevaalaguerra.Contagem de

820 Final de trayecto.​

5:15 de la mañana, el despertador me avisa que va siendo hora de espabilarse, va a ser un gran día Cristina. Hoy entramos a quirófano por última vez (porque va a ser la última sí o sí). Hoy damos carpetazo a otra etapa del cáncer, a listas de espera, incertidumbres, decisiones finales que solo dependen de ti, hoy se cierra esa dichosa puerta despidiéndote de él. Y sí, lo volví a lograr, volví a despedirme de los míos, a soportar el beso de mi padre en la frente, el achuchón de mi madre, fui capaz de cruzar esa sala fría de nuevo, (si también volví a llorar al cruzarla), ese momento es superior a mi, vale que la situación no era la misma, pero entrar a un quirófano nunca es plato de buen gusto. De nuevo caras conocidas, miradas de "todo saldrá bien", manos que te agarran antes  incluso de que se lo pidas, porque ya saben que se lo vas a decir. Nada como sentirse como en casa en una situación así. - "Cristina, empezamos a dormir". 3, 2, 1... desconexión por unas horas de tú vida, de tú mundo. (Esto es mi yo interior poniéndose en situación siempre que lo duermen). Abro los ojos en esa sala llena de desconocidos pacientes intentando despertarse de aquel sueño como yo. Antes de entrar a quirófano nos dejan en una sala tumbados en la camilla uno al lado del otro, y viene nuestro respectivo anestesista y enfermera y nos llevan a quirófano. ¡bingo! lo hemos logrado, veo caras conocidas de antes de entrar, me alegro, por ellos y por mi.  - Vamos chicos a despertarse pronto que fuera nos espera la familia, un mundo, la vida... Y de nuevo, vuelvo a estar tumbada en una cama de hospital, con los drenajes colgando por mis costados como si fuera el pulpo malo de la película "La Sirenita". Un tono no muy amarillento esta vez, y con ganas de un bocadillo de jamón. Pero nada que ver con la última vez. - ¿Quien dijo vómitos por la anestesia?  Gracias Sra. Anestesista, su "truco" ha funcionado a la perfección.  Así que un poco dolorida, con ganas de llegar a casa y pasar esa ultima página que me va a llevar al final de estos dos años de lucha constante, de pelear con mis miedos, con mi parte más vulnerable, con efectos secundarios, y un sin fin de etc...Lo cerraré con fuerza, con ilusión, me despido con una sonrisa de ti, sí, de ti cáncer. Me despido más fuerte que nunca, más llena de vida, de ganas de luchar por mis sueños, de lecciones aprendidas que ahora pongo en práctica día sí, día también. Me despido, y no diré que ha sido un placer, eso ¡jamás! pero sí una lección.  -Hasta nunca... #mamasevaalaguerra.​

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Cristina Inés 2017 todos los derechos reservados.

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